Perder la memoria, o recuperarla, como Soria con Antonio Zozaya

Por María Zozaya

Se puede perder la memoria; o recuperarla, y mirar hacia el futuro.

Perder la memoria es un hecho que preocupa, porque se considera de gravedad, especialmente cuando sucede a nivel personal y de forma desintencionada. Debería preocupar mucho más cuando se hace de manera colectiva, intencionada y depende de la estructura oficial.  

Desde las prácticas conocidas en el mundo de la arqueología como la damnatio memoriae, donde se tachaba el nombre del rival de las columnas romanas o cualquier otro soporte que permitiera realizar cambios (por duro que fuera), ha venido sucediendo desde hace siglos la práctica de intentar eliminar la memoria de los antecesores rivales en el poder, o de aquellos enemigos con cuyas ideas no se comulgaba y normalmente se había derrotado con desigualdad de términos en la lucha.

Pero los pueblos tienen memoria y fuentes para recordarla.

Y las personas desean hacer justicia sobre esos olvidos vinculados a guerras y a partidos que lucharon contra la conciliación de la sociedad. Normalmente, los regímenes que coartan las libertades personales (como el franquismo en España o el Salazarismo en Portugal) han tendido a atacar a las personas que lucharon por las ideas democráticas. En general, como tales dictadores son hijos de un contexto a menudo en aquel se les termina por justificar -especialmente cuando se trata de sus seguidores-, si bien Clío tiene sus testimonios, que terminan por recuperar los restos intangibles de la memoria.

Ante actos de injusticias históricas cometidas contra quienes lucharon por la sociedad democrática y con sus armas, la elección es clara: o perder la memoria, o recuperarla y mirar al futuro. Mirar con valentia a un pasado en el cual pudieron cometerse errores, y recuperar aquella memoria como un acto de justicia, es la única vía que permite restituir parte del daño causado que es imposible de medir ni valorar en términos personales, como recuerda la Ley de la memoria histórica.

En la época de la II República española proliferaron numerosos intelectuales que con sus escritos lucharon a favor de la democracia y la libertad de expresión, extendiendo ideas con las que querían mejorar la sociedad.

Aquella pléyade de intelectuales dieron uno de los mejores y más reconocidos frutos de la historia Ibérica, La edad de plata de la cultura Española (1). La mayoría se vinculó al regeneracionismo finisecular y a la Institución Libre de Enseñaza, tan importante en el movimiento pedagógico del cambio de la centuria. Sus medidas normalmente pasaban por la difusion de la educación, la mejora de la higiene, la igualdad de la mujer, el cambio de ritos y costumbres de raíces ancestrales y brutales, o el intento de desvinculación de tendencias religiosas o supersticiosas más cercanas al campo de la inquisición o de la brujería que al mundo europeo del 1900.

Entre los intelectuales que soñaban que con la ilustración y la educación vendría la libertad de las personas, y que defendiendo los intereses de quienes tenían menos recursos se lograría democratizar a la sociedad, se encontraba en las primeras filas del periodismo finisecular Antonio Zozaya. Sus campañas le valieron múltiples reconocimientos públicos nacionales e internacionales, que iban desde la medalla de oro de Madrid junto a Ortega y Gasset, hasta la legion de honor de Francia por su escrito en contra de la actitud de las potencias causantes del conflicto durante la Primera Gran Guerra.

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Antonio Zozaya con el traje de sereno, cuando le hicieron honorífico de Madrid, en uno de los varios homenajes que recibió, éste hacia 1930.

Zozaya realizó multitud de campañas periodísticas a favor de los desfavorecidos y de las causas que consideraba justas (2). Varias de ellas fueron dirigidas hacia la tierra de Soria.

Allí había estudiado parte del bachillerato. Aquella dirección estuvo propiciada en parte por las redes de acogida familiar propias de la época (dado que tenía allí un tío profesor de latín), y en parte por su mala salud, pues debido a los principios médicos del higienismo burgués (3), recomendaron que fuera a un lugar de tales características a aquel niño débil que pudiera reponerla.

Esa etapa juvenil iba a quedar grabada en su retina y su experiencia formadora. La memoria de Antonio se dirigió muchos años después hacia aquel lugar en donde se crió. Intentó defender con motivos justos campañas periodísticas para conseguir aquellos intereses del mundo soriano que -a mi juicio- identificaba como los propios. En función de aquella vinculación personal, realizó campañas periodísticas en la esfera pública. Destacaron dos. La primera fue la realizada a favor del ferrocarril, para que no dejasen aislada una zona que tenía múltiples posibilidades de crecer en términos económicos y humanos en vez de despoblarse. La segunda campaña fue la defensa de un nombre que llevaba siglos asentado y vinculado a la población soriana, más allá de los cultismos hacia el mítico Numancia asociado simbólicamente a la unión del pueblo con un asedio militar que no pudo soportar (4).

Antonio Zozaya entrevistado por Luis Paul de Conde (5)

Tales fueron algunos de los motivos que propiciaron que en 1922 el pueblo de Soria decidiera y aprobara concederle el honor de ser hijo adoptivo.

Al igual que otras menciones, premios y honores, Antonio Zozaya las recibió con la mayor discrección posible, fuera de todo boato. E igualmente sin él, las perdió una vez que el franquismo, con su línea de operacion abrupta en la memoria, fuera borrando una a uno los premios que había ganado durante el régimen democrático de la Segunda República Española, la mayoría por suscripción popular. Así sucedió, fuese dando martillazos a la calle obrera de Baracaldo (como recordaba su amigo Indalecio Prieto en sus memorias), o fuese cambiando el nombre, como la plaza de Madrid en donde, pese a su segundo nombre de General Vara del Rey, hoy sigue figurando la placa realizada por suscripción popular en 1923 donde dice Plaza de Antonio Zozaya. Una plaza que, pese a la labor de quien escribe estas líneas realizando una biografía que justificaba con creces la reposición del nombre que originariamente le fue dado y por suscripción popular, no logró conseguir empleando los recursos que sí han servido en otros casos de la geografía española (6).

En el caso actual que nos ocupa, fue Cándido las Heras quien valoró su importancia, sobre la base de documentación que tenía recogida sobre Antonio Zozaya en su apoyo hacia Soria.

Cándido las Heras movilizó la propuesta de que fuese rehabilitado el título de hijo predilecto de la ciudad. Su propuesta recibió el apoyo del concejal socialista Jesús Bárez, antiguo catedrático de filosofía del instituto de Soria, y lo mismo sucedió cuando la elevaron al alcalde Carlos Martínez. Lo mejor de todo ello, a mi juicio- fue que todos los concejales de todas las tendencias políticas apoyasen por unanimidad este acto de reposición de la memoria por considerarlo un acto de justicia, ajenos a toda ideología política. Este acto de recuperación de la dignidad fue más allá de los antiguos conflictos, siguiendo premisas de unión y fraternidad que Antonio Zozaya profesó siempre, incluido el discurso de despedida de España cuando la primera expedición de republicanos pasaba por Gibraltar veía a este señor de ochenta años pronunciar unas palabras de despedida a una patria que, como pensaban muchos, sabía que nunca iba a volver a ver (7).

Reposición del título de hijo adoptivo de Soria en el diario de noticias de Soria del 10 de diciembre de 2015.
Reposición del título de hijo adoptivo de Soria en el diario de noticias de Soria del 10 de diciembre de 2015 (7).
Notas de la bibliografía citada

(1) José Carlos Mainer, La edad de plata de la cultura Española, Barcelona, Càtedra, 1975.

(2) Entre ellas le consignaron como sereno honorífico como figura en la imagen. Todas las referencias biográficas las tomamos del estudio que en su momento realizamos: María Zozaya, “Trayectoria de un intelectual olvidado: Antonio Zozaya y You”. En: Jaime Ferrán, Madrid, nº 19 (mayo 2000); pp. 205-226. ISSN: 1135-2736.

(3) María Zozaya, Ocio Liberado. El ocio en España durante el siglo XIX”, en: El descubrimiento del Ocio. Guipúzcoa, Diputación Foral: Museo Zumalacárregui. ISBN: 978-84-612-7684-H.

(4) Las dos campañas las tomamos de: Jesús Barez (tomando las informaciones de Cándido las Heras), «Discurso de restitución de Antonio Zozaya como hijo adoptivo de Soria», pleno del 10 de diciembre de 2015, Soria, Ayuntamiento de Soria.

(5) Luis Paul de Conde, Los escritores leales a España: Antonio Zozaya, Blanco y NEgro, Madrid, 15 de agosto de 1936. Proyecto de Filosofía en Español,  http://www.filosofia.org/hem/193/var/9380815b.htm

(7) En palabras de Adolfo Sánchez Vázquez, Sinaia : diario de la primera expedición de republicanos españoles a  México.  México D.F. : UNAM , 1989.(6) María Zozaya, “Trayectoria de un intelectual olvidado: Antonio Zozaya

(7) En palabras de Adolfo Sánchez Vázquez, Sinaia : diario de la primera expedición de republicanos españoles a  México.  México D.F. : UNAM , 1989.

 (7) «El pleno restituye el título a Antonio Zozaya You como ‘Hijo Adoptivo de Soria'», Diario de noticias de Soria, 10 de diciembre de 2015

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Para citar este artículo:
María Zozaya, «Perder la memoria; o recuperarla. Como Soria con Antonio Zozaya», Investigaciones de María Zozaya,  https://mariazozaya.wordpress.com/2015/12/22/perder-la-memoria-o-recuperarla-como-soria-con-antonio-zozaya/ , 20-XII-2015.
Si queres más información, puedes bajarte gratis el primer artículo científico que recopiló la biografía de Antonio Zozaya, que si lo usas, agradecemos que cites con este sistema:

María Zozaya, “Trayectoria de un intelectual olvidado: Antonio Zozaya y You”. En: Jaime Ferrán, Madrid, nº 19 (mayo 2000); pp. 205-226.  ISSN: 1135-2736.

Bájatelo aquí: 3_ferran

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